Marathon des Sables. Día 5 y 6

Yo me fui al puesto 59 y salí a las 9 de la mañana. Los 50 primeros, entre los que se encontraba Julio, salieron a las 12.
En esta etapa había muchas dunnetes. Más pequeñas que las otras pero también muy jodias de subir y bajar. Además había que atravesar terrenos arenosos por los que se corría con mucha dificultad.
En el control 4 (KM 45)cambiamos el rumbo y se nos presentó una tormenta de arena en la que no se podía avanzar. Yo no veía al corredor de delante que lo llevaba a 3 metros. Aún tapado con el buff, la gorra y las gafas la arena se me metía por todos los lados, dejándome medio ciego. Cuando pasó la tormenta me uní a un italiano con el que hice casi el resto de la jornada. Pasamos por dentro de una Casbah, en la que los niños te seguían y las mujeres bereberes te animaban con sus gritos característicos. Era maravilloso. A la salida vuelta a las dunas y me perdí. Menos mal que el italiano venía cerca le vi y me reorienté. El resto hasta el 76 fueron caminos pedregosos. Te tropezabas y veías las estrellas con los golpes que te dabas en los dedos de los pies. En la soledad aterradora del desierto repasas muchas cosas de tu vida y ves todo de manera diferente. Eres tú solo contra la inmensidad. Y tienes que ir muy concentrado para no dejar de correr.  Llegué con la última luz del día y no tuve que encender la linterna. Tardé 9:59. Me dio una tiritona que no entré en calor hasta que me metí en el saco.
Al poco llegó Julio en 8:15 haciendo el puesto 10. Traía los pies destrozados. Con unas ampollas que me asustó, es un portento.  Paris llegó más tarde. No pudimos pegar ojo del cansancio.
Día 6
Todo el día tirados por la jaima y comiendo lo que no pudimos comernos el día anterior.
Me dolía el tendón de Aquiles y siempre en mi cabeza rondaba el fantasma de la retirada. Había que luchar contra él y a veces se ponía muy pesado. Julio tenía los pies destrozados y Paris andaba también bajo de moral.
Todos intentamos descansar lo que pudimos. Además no se podía salir de la jaima porque una tormenta de arena nos castigó todo el día. Teníamos arena por todos lados.
Seguieron llegando corredores.
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