Marathon des Sables. Día 1

Es difícil expresar con palabras tantas sensaciones y tan fuertes.
La marathon des Sables es una carrera de 6 etapas que se desarrolla en 7 jornadas, más una primera de adaptación y control.
Las etapas tienen, en este orden, las siguientes distancias 28, 34, 37, 76 (con dos jornadas para realizarla), 42 y 28 km respectivamente.
La salida tiene lugar en el sur de Marruecos, en Oued Amsaïlikh, unos 200 km al sur este de Ouarzazate y termina 240 km al este en Tagunite.
Nuestro equipo ARMATEK, estaba compuesto por Julio Cuellar, Paris Canals y yo mismo (Javier Sanz)
Voy a intentar hacer una narración cronológica.
Día 1.
Llegamos al vivac hacia el medio día. Los ánimos estaban fuertes e inspeccionamos el campamento. Había unas jaimas negras en donde nos pusimos los corredores y otras blancas y mucho mejores donde se alojaba la organización y la prensa. Este día nos dieron de comer y cenar a los seiscientos y pico participantes. Unas comidas que no estaban mal del todo y que devorábamos sabiendo lo que nos esperaba.
Pasábamos de 100 en 100 el control de mochilas donde tenía que haber unos elementos imprescindibles: brújula, silbato, espejo, 10 imperdibles, mechero, navaja, antiséptico, bomba aspiravenenos, saco de dormir, linterna con pilas y mochila; y al menos 14.000 calorías que cada uno compuso como quiso. En particular yo llevaba 5 barritas y un liofilizado por día. Además había que presentar un certificado médico con electrocardiograma incluido, sopena de 1 hora de penalización y que se quedaran con un cheque de caución de 185 euros que habíamos entregado previamente.  Pasados estos trámites te dan una bengala, unas pastillas de sal y una tarjeta que has de llevar colgada durante toda la carrera donde te van picando los controles y el agua que recibes. Además tenías un libro de ruta que detallaba la de cada jornada.
Otras cosas que yo llevé fueron toallitas higiénicas, cepillo y pasta de dientes, cacao para los labios, una malla, una sudadera, guetres, una cuchara,  la cámara de fotos y dos bidones de agua. Con estos bártulos y 10 litros de agua diarios tendríamos que subsistir durante 7 días por el desierto.
Dimos unas batidas para reconocer la zona y ya pudimos comprobar que los pies se hundían mucho en la arena, cosa que nos hizo ver la dureza de carrera.
Julio, Paris y yo compartimos la jaima con  una equipo de bomberos de Tenerife: José (que se tuvo que retirar por problemas físicos y muy a su pesar), Pepe Bravo y Antonio. Hemos hecho con ellos una tremenda amistad y éramos los seis como auténticos hermanos. Ellos ya habían corrido en 4 ocasiones anteriores y se puede decir que fueron como nuestros profesores por su dilatada experiencia.
En otra jaima había otros 7 compañeros españoles, todos también estupendos: 5 catalanes entre los que se encontraba Fidel, el abuelo de la prueba con 63 años y cuatro maratones anteriores que nos sacó a todos de apuros en muchas ocasiones, el canario Maximino que las pasó putas en la de 76 y Trinitario, un mallorquín resalao que llevaba 7 kilos de comida de culturista en polvo que tuvo que tirar y subsistir con la ayuda de Fidel y los demás.
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